Combatir En Jesucristo La Desesperanza.! Jcoa.!

EL SENTIMIENTO DE DESESPERANZA
Charles Stanley
marzo 02, 2020
Hechos 27.1-25
1 Cuando se decidió que navegáramos rumbo a Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, que pertenecía al batallón imperial. 2 Subimos a bordo de un barco, con matrícula de Adramitio, que estaba a punto de zarpar hacia los puertos de la provincia de *Asia, y nos hicimos a la mar. Nos acompañaba Aristarco, un macedonio de Tesalónica. 3 Al día siguiente hicimos escala en Sidón; y Julio, con mucha amabilidad, le permitió a Pablo visitar a sus amigos para que lo atendieran. 4 Desde Sidón zarpamos y navegamos al abrigo de Chipre, porque los vientos nos eran contrarios. 5 Después de atravesar el mar frente a las costas de Cilicia y Panfilia, arribamos a Mira de Licia. 6 Allí el centurión encontró un barco de Alejandría que iba para Italia, y nos hizo subir a bordo. 7 Durante muchos días la navegación fue lenta, y a duras penas llegamos frente a Gnido. Como el viento nos era desfavorable para seguir el rumbo trazado, navegamos al amparo de Creta, frente a Salmona. 8 Seguimos con dificultad a lo largo de la costa y llegamos a un lugar llamado Buenos Puertos, cerca de la ciudad de Lasea.9 Se había perdido mucho tiempo, y era peligrosa la navegación por haber pasado ya la fiesta del ayuno. Así que Pablo les advirtió: 10 «Señores, veo que nuestro viaje va a ser desastroso y que va a causar mucho perjuicio tanto para el barco y su carga como para nuestras propias *vidas.» 11 Pero el centurión, en vez de hacerle caso, siguió el consejo del timonel y del dueño del barco. 12 Como el puerto no era adecuado para invernar, la mayoría decidió que debíamos seguir adelante, con la esperanza de llegar a Fenice, puerto de Creta que da al suroeste y al noroeste, y pasar allí el invierno. La tempestad 13 Cuando comenzó a soplar un viento suave del sur, creyeron que podían conseguir lo que querían, así que levaron anclas y navegaron junto a la costa de Creta. 14 Poco después se nos vino encima un viento huracanado, llamado Nordeste, que venía desde la isla. 15 El barco quedó atrapado por la tempestad y no podía hacerle frente al viento, así que nos dejamos llevar a la deriva. 16 Mientras pasábamos al abrigo de un islote llamado Cauda, a duras penas pudimos sujetar el bote salvavidas. 17 Después de subirlo a bordo, amarraron con sogas todo el casco del barco para reforzarlo. Temiendo que fueran a encallar en los bancos de arena de la Sirte, echaron el ancla flotante y dejaron el barco a la deriva. 18 Al día siguiente, dado que la tempestad seguía arremetiendo con mucha fuerza contra nosotros, comenzaron a arrojar la carga por la borda. 19 Al tercer día, con sus propias manos arrojaron al mar los aparejos del barco. 20 Como pasaron muchos días sin que aparecieran ni el sol ni las estrellas, y la tempestad seguía arreciando, perdimos al fin toda esperanza de salvarnos.21 Llevábamos ya mucho tiempo sin comer, así que Pablo se puso en medio de todos y dijo: «Señores, debían haber seguido mi consejo y no haber zarpado de Creta; así se habrían ahorrado este perjuicio y esta pérdida. 22 Pero ahora los exhorto a cobrar ánimo, porque ninguno de ustedes perderá la *vida; sólo se perderá el barco. 23 Anoche se me apareció un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien sirvo, 24 y me dijo: “No tengas miedo, Pablo. Tienes que comparecer ante el *emperador; y Dios te ha concedido la vida de todos los que navegan contigo.” 25 Así que ¡ánimo, señores! Confío en Dios que sucederá tal y como se me dijo
Acts 27:1-25 | NVI
Las personas nos decepcionan, las circunstancias nos causan dolor y nuestras limitaciones nos frustran. El Señor Jesús dijo a sus discípulos que las luchas son parte de la vida (Jn 16.33), y muchos otros relatos bíblicos muestran evidencias de esta realidad. 33 Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.
John 16:33 | NVI
Ana no podía tener hijos. Cuanto más esperaba, más desaparecía su esperanza, y el dolor y la amargura se apoderaban de ella (1 S 1.6-10). Penina, su rival, solía atormentarla para que se enojara, ya que el Señor la había hecho estéril.7 Cada año, cuando iban a la casa del Señor, sucedía lo mismo: Penina la atormentaba, hasta que Ana se ponía a llorar y ni comer quería. 8 Entonces Elcaná, su esposo, le decía: «Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿Por qué estás resentida? ¿Acaso no soy para ti mejor que diez hijos?»9 Una vez, estando en Siló, Ana se levantó después de la comida. Y a la vista del sacerdote Elí, que estaba sentado en su silla junto a la puerta del santuario del Señor, 10 con gran angustia comenzó a orar al Señor y a llorar desconsoladamente.
1 Samuel 1:6-10 | NVI
Pablo fue atrapado en una tormenta. En contra de su consejo, el capitán hizo que la tripulación zarpara, poniéndolo en peligro a él y a todos a bordo. Después de los esfuerzos por salvar la nave, los que estaban a bordo tuvieron que nadar hasta la orilla para sobrevivir (Hch 27/42-44. 42 Los soldados pensaron matar a los presos para que ninguno escapara a nado. 43 Pero el centurión quería salvarle la vida a Pablo, y les impidió llevar a cabo el plan. Dio orden de que los que pudieran nadar saltaran primero por la borda para llegar a tierra, 44 y de que los demás salieran valiéndose de tablas o de restos del barco. De esta manera todos llegamos sanos y salvos a tierra.
Acts 27:42-44 | NVI
Un Saúl celoso persiguió a David para tratar de matarlo. En el Salmo 13.1, David se preguntaba si Dios se había olvidado de él. ¿Hasta cuándo, Señor, me seguirás olvidando?¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro?
Psalms 13:1 | NVI
¿Qué hicieron estas personas? Oraron. Ana clamó a Dios, y le pidió que le diera un hijo. Recuperó la esperanza porque confió a Él su futuro. Pablo habló a los marineros desesperados, y les dijo que no temieran porque el Señor los salvaría. David no se detuvo, sino que se centró en el amor de Dios (Sal 13.5, 6). 5 Pero yo confío en tu gran amor;mi corazón se alegra en tu *salvación.6 Canto salmos al Señor.¡El Señor ha sido bueno conmigo!
Psalms 13:5-6 | NVI
El tiempo que pasemos con el Señor puede combatir la desesperanza. Desvía nuestra atención de las circunstancias al gran amor que el Padre celestial siente por nosotros.
Amigos cristianos en todas las naciones;
El sentimiento de desesperanza llega a nuestras vidas en el momento menos pensado; debemos hacerle frente de una vez en oración; Clamándole a Nuestro Padre Celestial por Su Ayuda. Su Guía. Su Amor. Su Fortaleza Espiritual; para que podamos vencer los obstáculos que nos suceden en nuestro diario vivir.!
Mi Sr Jesucristo nos dejó Su Vida como testimonio para que sigamos Su Ejemplo en todas las luchas de las cuales salió victorioso.!
Siempre en relación Con El Padre Celestial y El poder del Espíritu Santo.!
Así que nosotros tenemos las mismas armas para luchar y ganar todas las batallas que nos toquen defender.!
Orar. Alabar. Glorificar por siempre a Nuestro Dios Todopoderoso.!
Amén.!
Jcoa.!

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