Anunciar las buenas nuevas! Jcoa.! 

Anunciar la buena nueva!Charles Stanley!

Hechos 9.1-19 

Mientras tanto, Saulo, respirando aún amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote, 2 y le pidió cartas de extradición para las sinagogas de Damasco. Tenía la intención de encontrar y llevarse presos a Jerusalén a todos los que pertenecieran al Camino, fueran hombres o mujeres. 3 En el viaje sucedió que, al acercarse a Damasco, una luz del cielo relampagueó de repente a su alrededor. 4 Él cayó al suelo y oyó una voz que le decía:—Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?5 —¿Quién eres, Señor? —preguntó.—Yo soy Jesús, a quien tú persigues —le contestó la voz—. 6 Levántate y entra en la ciudad, que allí se te dirá lo que tienes que hacer.7 Los hombres que viajaban con Saulo se detuvieron atónitos, porque oían la voz pero no veían a nadie. 8 Saulo se levantó del suelo, pero cuando abrió los ojos no podía ver, así que lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. 9 Estuvo ciego tres días, sin comer ni beber nada.10 Había en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor llamó en una visión.—¡Ananías!—Aquí estoy, Señor.11 —Anda, ve a la casa de Judas, en la calle llamada Derecha, y pregunta por un tal Saulo de Tarso. Está orando, 12 y ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías, que entra y pone las manos sobre él para que recobre la vista.13 Entonces Ananías respondió:—Señor, he oído hablar mucho de ese hombre y de todo el mal que ha causado a tus *santos en Jerusalén. 14 Y ahora lo tenemos aquí, autorizado por los jefes de los sacerdotes, para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre.15 —¡Ve! —insistió el Señor—, porque ese hombre es mi instrumento escogido para dar a conocer mi nombre tanto a las *naciones y a sus reyes como al pueblo de Israel. 16 Yo le mostraré cuánto tendrá que padecer por mi nombre.17 Ananías se fue y, cuando llegó a la casa, le impuso las manos a Saulo y le dijo: «Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo.» 18 Al instante cayó de los ojos de Saulo algo como escamas, y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado; 19 y habiendo comido, recobró las fuerzas

Acts 9:1/19 NVI

Cuando usted recibe una excelente noticia, ¿qué es lo primero que hace? Si es como la mayoría de las personas, probablemente le cuenta a alguien su alegría. El apóstol Pablo hablaba a los demás de la salvación por la misma razón.

Dios salvó a Pablo en el camino a Damasco, y el apóstol dedicó el resto de su vida a difundir la buena noticia del evangelio. Dio su tiempo, energías, y finalmente su vida, porque deseaba hablarle a todo el mundo de Cristo.

¿Por qué lo hacía? Porque sentía una profunda obligación. Primero, estaba en deuda con Cristo por su salvación. Pero su motivación provenía de algo más que su amor y su devoción al Señor. También se sentía obligado a ofrecer esperanza a un mundo con una necesidad urgente (1 Ti 1.15, 16).

15 Para los puros todo es puro, pero para los corruptos e incrédulos no hay nada puro. Al contrario, tienen corrompidas la mente y la conciencia. 16 Profesan conocer a Dios, pero con sus acciones lo niegan; son abominables, desobedientes e incapaces de hacer nada bueno

Titus 1:15-16 | NVI

Su mensaje era que Dios envió a su unigénito Hijo Jesucristo al mundo en forma humana. Por medio de su muerte en la cruz, pagó totalmente la deuda del pecado de la humanidad. Todos los que le reciban como su Salvador personal serán perdonados.

Pablo entendía que necesitaba llevar el evangelio a los griegos, y también a los no griegos. En otras palabras, tenía que contarlo a todo el mundo. Algunos aceptarían la verdad, y otros la rechazarían. El apóstol mismo no podía salvar a las personas, pues no era responsable de la decisión que tomaran. Su tarea era simplemente anunciar a Jesucristo.

¿Siente usted la misma deuda que sentía Pablo? Pida a Dios que le dé la valentía y la sabiduría para comunicar el evangelio a los demás.

Amigos cristianos en todas las naciones Su Palabra sigue insistiéndonos, al llamado de llevar nuestro testimonio de ser Hijos de Dios, renovados, transformados, regenerados con un cambio de conducta, para qué prediquemos el Evangelio, llevemos las buenas nuevas de Jesucristo como Salvador y Señor para sus vidas, que se den una oportunidad de recibirle abriendo sus corazones y permitiendo que su amor los renueve dándoles una nueva vida espiritual. 

Así veremos cómo todas las naciones se rendirán y aclamaran a Nuestro Señor Jesucristo como su Señor y Salvador.  

Amen.!

Jcoa.!

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